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Abr 03

El ADN de los neandertales revela que las cuatro especies humanas se aparearon hace 50.000 años

Excavaciones de la Cueva de Denisova (Siberia, Rusia).

El análisis de ADN de los fósiles de los parientes humanos más cercanos no deja de aportar nuevos y revolucionarios datos sobre la evolución del hombre moderno. En 2010, la publicación de un primer borrador del genoma de los neandertales -dirigido por investigadores del Instituto de Antropología Evolutiva del Max Planck, pero con participación española- ya dio las primeras pruebas irrefutables de que la especie humana moderna y los neandertales hibridaron durante los miles de años de coexistencia de ambas especies. Algo de sangre neandertal corre por las venas de los europeos.

Pero la secuencia de nuestro pariente más cercano aún no ha dejado de aportar datos para la ciencia y para el debate. La revista Nature acaba de publicar los resultados del análisis del genoma neandertal completo con una resolución mucho mayor que la de aquel primer borrador -tanta que es equiparable a la que se tiene del ser humano actual– y los resultados han puesto patas arriba la evolución humana en los últimos 70.000 años.

Pie neandertal

Hueso del pie neandertal del que proviene el ADN.Bence Viola

El hueso usado para este trabajo es de la misma cueva que el ADN denisovano

Para empezar, el análisis comparativo ha puesto de manifiesto que los genomas de las tres especies de homínidos conocidas que habitaron Eurasia en el Pleistoceno tardío (hace unos 50.000 años) contienen secuencias que no corresponden a ninguno de los homínidos conocidos, lo que sugiere que en aquel tiempo había otra especie humana en Europa que aún no ha sido descubierta. Además, deja aún más patente no sólo que neandertales y humanos modernos (Homo sapiens) se aparearon e intercambiaron genes, sino que también lo hicieron con la tercera especie conocida, los denisovanos, una especie arcaica conocida sólo por su secuencia genética obtenida a partir del hueso de un dedo encontrado en la Cueva de Denisova, en las Montañas Altai (Siberia).

Precisamente, las muestras de ADN neandertal utilizado por el equipo del Max Planck dirigido por Kay Prüfer y Svante Pääbo para este último análisis provienen precisamente de la misma cueva, aunque el hueso denisovano y el dedo del pie de una mujer neandertal usado ahora están separados en el tiempo por varios miles de años, según citan Ewan Birney y Jonathan Pritchard, del Wellcome Trust Genome Campus de Cambridge (Reino Unido), en un artículo que acompaña a la investigación en la revista ‘Nature’.

“El hallazgo significa que podemos entender mejor las interacciones entre neandertales, denisovanos y nuestros propios ancestros”, asegura Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres. “El fósil también ha aportado evidencias de que neandertales y denisovanos se cruzaron entre ellos y, además, con los humanos modernos y con otra especie arcaica desconocida”, dice Stringer.

La investigación llega incluso a determinar cuánto del ADN de los humanos modernos de Eurasia ha sido heredado de los neandertales: un 2%. Y señala que en los africanos actuales no es posible detectar ADN neandertal. “Parece que Eurasia fue un interesante lugar para ser un homínido en el Pleistoceno tardío, con individuos de al menos cuatro grupos encontrándose y, ocasionalmente, teniendo sexo”, dicen Birney y Pritchard en su artículo.

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